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DIOS CON LA PIEL PUESTA

Esta semana pasada en nuestra reunión, estábamos hablando sobre varios miembros que conforman nuestra comunidad. Se han incorporado unos miembros que se han reubicado aquí desde otra ciudad o país, con un contexto muy diferente que existe fuera de nuestras puertas. Unas personas que han retornado después de un tiempo extendido viviendo afuera de la comunidad ya sea que han estudiado o han sido obligados a regresar, o han tomado la decisión de regresar y estar con sus familias. Y hay aquellos que son originarios de la comunidad y nunca han salido, pero han permanecido desde su nacimiento en el mismo contexto donde viven y trabajan.

Todos estos miembros están absolutamente necesitados que una comunidad puede florecer y discutimos que significa para nosotros, no importa de que contexto venimos, para abrazar en nuestras vidas el ministerio de presencia. Para estar presente para cada uno de aquellos que están alrededor de nosotros y ser compasivos y empáticos con todos nuestros vecinos.

La conversación que tuvimos nos guio hacia una discusión acerca del ministerio supremo de presencia, el ministerio de Cristo mismo. En esta época del año, nuestros pensamientos naturalmente se vuelven hacia él. Él nos sirve como el mejor ejemplo de “un reubicador” que podemos tener. Él salió de un lugar donde su perfección fue normal y las lágrimas que derramo y quebrantamiento no caracterizo a las personas dentro de una comunidad. Él dejo a un lado su divinidad. Él murió por nosotros por nuestros corazones rotos llenos de dolor y luto. Él se convirtió en nuestro Dios, quien envió a su hijo Jesucristo ha venido a la tierra en forma humana, a quien podemos llamar Emanuel, que su significado es Dios con nosotros. 

Juan, el apóstol , fue un amigo personal de Jesús. Juan pasaba tiempo con Jesús, observando el lado humano del Hijo de Dios y escribió estas palabras en su evangelio ,”Y el verbo hizo hombre y habitó entre nosotros. Y contemplamos su gloria, la gloria que corresponde al Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.” (Juan 1:14).

En cambio, Dios no solo dijo algunas palabras para consolar un mundo lleno de dolor, Él puso piel humana, se convirtió en una de nosotros y se metió en todo el dolor y sufrimiento que teníamos. Él observaba de primer mano la injusticia y dolor, juicio y traición, enfermedad y muerte. Él se puso todo como un abrigo y camino en él. Él se enfermó y se cansó, él perdió miembros de su familia y amigos, pero entender que significado nosotros, para sentirse como nosotros, para conocer a nosotros.

Él estuvo presente en este mundo y abrió un camino para que conozcamos a Dios al redimir al mundo de regreso a Dios y tomar la suciedad del pecado en su cruz y conquistarlo resucitando de nuevo. Él lo hizo para conocernos, acercarnos y traernos de vuelta a Dios.

 La temporada navideña nos recuerda que Dios está cerca, Dios esta presente, el reubicó a este mundo, murió por nuestra experiencia y vivió en ella. Él nos llamó a lo mismo. Ese ministerio de presencia que requiere más que simplemente vivir, sino estar presente en el sufrimiento, el luto, el dolor y la injusticia que nos rodean. Porque el vive en nosotros por fe, podemos sentir su presencia y caminar por el mundo amando a los demás, cuidándolos y mostrándolos que Dios está en nuestra comunidad.

Puedes ver fotos de nuestras celebraciones navideñas en las redes sociales. 

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